domingo, 9 de febrero de 2014

DE ESPOSAS Y MADRES


Febrero 2014. Smara, Campamento de refugiados Saharauis en el sur de Argelia

Desde que subí a la camioneta de la RASD que me recogió en el aeropuerto de Tindouf para llevarme finalmente a los campamentos, todo el que ha tenido oportunidad me ha preguntado si estoy casada, si tengo hijos, si al menos tengo novio –promesa de próximo matrimonio- ¡No!  Algunos se sorprenden, si fuera una saharaui estaría un poco vieja para no haber hecho nada de eso.  ¿Novio colombiano?, no. ¿Novio saharaui?, no.  ¿Karina sowar? (fotos). ¡Si! Amor no, sowar. Hijos no, sowar. Karina mosawera (fotógrafa) Era más o menos la conversación que con dificultad sostuve con Ahmadú, el conductor que me llevó a Smara.



Hasana, el chico que se encarga de la casa de la RASD que me aloja, me llevó a comer en casa de una buena amiga suya, una amplia casa de adobe que él mismo -Hasana el constructor- levantó.  Después de un verdadero banquete, conseguí conversar con Aisha y Rabú, hermana y prima de la anfitriona respectivamente.  Hablamos del matrimonio, de la maternidad, una charla de chicas diría alguno.  Rabú, muy blanca y joven, hablaba como si a través de ella se comunicara una anciana, era abrumador el orgullo que sentía por lo que su cultura esperaba de ella.  Aisha decía que le gustaría ser soltera, sin hijos -como yo- y andar por el mundo, pero sabe que su deber es casarse y tener hijos que cuidaran de ella cuándo sea vieja.  –¿y de ti quién cuidará Karina?– decían– las mujeres aquí no nos casamos para tener marido, lo hacemos para tener hijos, que son la razón de ser mujer.

Para casarse hace falta que el hombre esté preparado, esto significa que tiene lista la dote, que en el mejor de los casos serán todos los muebles y objetos que compondrán el hogar de su esposa, una jaima o una casa de adobe.  Este es un pueblo solidario en todos los aspectos de su vida, así que los amigos del novio y la comunidad en general ayudará para que complete su dote.  Según algunos, la novia también debe estar lista, es condición que las mujeres se casen en el orden en que han nacido.  Por ejemplo, en un grupo de tres hermanas, la más joven no debe casarse antes que lo haga la mayor. Rabú y Aisha esperan casarse este año, están listas y sus novios pronto lo estarán.

Alguien mencionó la libertad (a lo mejor yo, a lo mejor Hasana que habla mucho de ella y quiere quedarse soltero, su vida como dice una amiga suya es: comer, dormir, follar) y las chicas rápidamente dijeron que aquí se es más libre cuando se está casada, antes de eso todo el tiempo se está bajo la vigilancia de los padres.  –Luego, cuando consigues casarte eres la dueña de casa, del tiempo, de la vida y los hijos. Tan dueña se es que si la pareja se divorcia, el esposo abandonará la casa llevando consigo solo su ropa.  Cuando se casan, el hombre levanta su jaima junto a la de sus suegros y en adelante no los volverá a ver a excepción de casos especiales, cada familia aunque junta mantiene sus espacios separados.  La esposa sí está en continuo contacto con sus padres, sobretodo con su madre que la guiará y ayudará en el camino de la maternidad, además se espera que las mujeres cuiden la vejez de sus padres.  Si el hombre tiene hermanas ya tiene el asunto cubierto. 



La conversación, que se acercaba a la idea del amor, fue interrumpida por Aisha que salió de la habitación y regresó con una bella tela, dulcemente me coronó con una melfa, la túnica femenina que cubre el resto de la ropa y la cabeza.  La mía es rosada con estampados violetas y azules.  Aisha ató la tela con dos nudos sobre mis hombros y la perfumó para mi mientras me hablaba de cuándo empieza una saharaui a usarla –cuando el cuerpo engorda, dice ella.  Las chicas, por iniciativa propia se la ponen cuando llega la primer menstruación y las formas de mujer emergen del cuerpo plano de la niña.  La melfa parece ser para las Saharauis una señal de identidad, solo las mujeres de su pueblo la usan, se ven bellas y misteriosas tras ellas.  Algunas, para proteger su piel del sol, para mantenerla blanca, cubren todo su rostro con la melfa, se ponen grandes gafas oscuras y guantes en las manos, lo que hace dificilísimo imaginar el rostro y el cuerpo que hay bajo toda esa tela.   Un chico muy joven que pasó demasiado tiempo en España, me ha contado de la dificultad que esto supone para los hombres, me ha dicho que charla con ellas, intercambian teléfonos, pero para asegurarse si le gustan más allá de los mensajes de texto y la voz del otro lado del celular, quedan para encontrarse y entonces, la chica descubre su rostro, incluso alguna deja ver su pelo.  –Insistirás con ella si te ha gustado, sino inventarás alguna excusa.

Al salir de la casa yo trataba inútilmente de moverme con soltura bajo mi melfa, pero a mi torpeza natural se sumaba un obstáculo que hacía más lentos mis movimientos, aun así recibí mi primera clase de conducción en la hamada (desierto estéril donde están asentados los campamentos)  a bordo de un camión en medio de un siroco (tormenta de arena) que empezaba a menguar.


Más fotos en mi web:  http://www.anakarinadelgado.com/#!inshaallah-la-vida-entre-parntesis-/c2ra

A BORDO DE JAIMA


Febrero 2014. L’Aiun, Campamento de refugiados Saharauis en el sur de Argelia




En mi tercer o cuarto día en los campamentos de refugiados saharauis, en el sur de Argelia, cuando visitaba a la familia del sobrino Aidid, mi compañero, mi guía y mi cuidador, tuve un sueño, o imaginé con fuerza en mi duermevela, mientras escuchaba a mi amigo, junto con el anfitrión y otros hombres, conversar en hasanía (dialecto saharaui y mauritano).   En mi sueño, como pasó en la realidad, estábamos todos en la jaima del sobrino de Aidid.  Jaima es el nombre que reciben las tiendas  tradicional de los saharauis. En los campamentos estas tiendas no son como antaño, de pelo de camello o de modestas telas cocidas, sino de una tela plástica verde teñida de arena.  Habíamos estado allí por horas tomando el té saharaui que se hace lentamente, se levanta espuma derramándolo de vaso en vaso mientras se conversa, se cuentan noticias e historias.  El interior de la jaima estaba cubierto por una alfombra y, contra tres de sus cuatro paredes, había bellos cojines como sofás a ras del suelo.  Yo estaba tumbada en un rincón cálido que hacían estos cojines, cobijada por un par de mantas pesadas, los sonidos en hasanía me arrullaban dulcemente mientras miraba fijo la entrada de la jaima cubierta por una cortina vino tinto que se agitaba violentamente por el siroco (tormenta de arena) afuera.  A veces, el rugido del viento era tan fuerte que casi apagaba las voces de los hombres.  En mi sueño -y fuera de él- yo estaba allí acostada, dormía.  De repente despertaba, a mi lado estaba Aidid que me daba la espalda para conversar con comodidad con los otros.  Yo me sentía ligeramente mareada, notaba que la jaima se mecía dulcemente, se arrastraba con calma.  Intrigada me acerqué a Aidid, y le pregunté si se daba cuenta que la jaima se movía.   –Claro, decía él con su tono de obviedad.  –Todo saben que la jaima es un barco.  En mi sueño, como en la vigilia, le creí sin atisbo de duda. Debía ser cierto, la jaima era un barco.  Él volvía a la charla y yo, envuelta en las mantas, otra vez me recostaba dejando que el barco me llevara. Aidid ha dicho que se trata de un dulce sueño, lo fue, viajar en una jaima-barco es dulce y bello.





SAHARA OCCIDENTAL, CONTEXTO EXPRESS

Febrero 2014. Protocolo de Smara, Campamento de refugiados Saharauis en el sur de Argelia




Los Saharauis, originarios moradores del Sahara Occidental fueron, como nosotros los colombianos, una colonia española.  Según muchos, los saharauis y los españoles convivían pacíficamente, eran hermanos, hasta que España los traicionó.  Por allá por el 63, frente a la ONU, España prometió respetar el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui.  En un primer intento por conseguir la independencia por medio del diálogo, los saharauis fueron reprimidos con fuerza por España y empieza una lucha armada.  En 1973 nace el Frente Polisario como un movimiento para la liberación del Sahara Occidental.   Mauritania y Marruecos en 1975 reclaman el territorio como suyo.  España, al parecer por presiones de la OTAN, cede el territorio a Mauritania y Marruecos y los saharauis son obligados a salir de su territorio masivamente durante la llamada Marcha Verde emprendida por Hassan II, rey de Marruecos; la acción desarrollada en 1975, recibió este nombre, según Marruecos porque en el mundo islámico el color verde es sinónimo de paz y buena voluntad, aunque lo que cayó del cielo fue Napal y fósforo blanco sobre las cabezas Saharauis.  
El frente Polisario empieza su guerra contra Mauritania y Marruecos y consigue la rendición de Mauritania.  En 1992 se firma el alto al fuego con Marruecos, desde entonces van ya 22 años de el inicio de la estrategia diplomática. 

Aun cuando se constituyó la RASD, República Árabe Saharaui Democrática, que no es reconocida como estado por la Liga Árabe ni la UE, en cambio sí por la Unión Africana y algunos países latinoamericanos, son 38 largos años de espera, mientras el pueblo saharaui sufre desde diferentes frentes, muchos están reprimidos en los territorios ocupados por Marruecos, otros tantos en los campamentos de refugiados en Argelia, pocos nomadeando en los territorios liberados, separados de sus hermanos por el muro tendido por Marruecos; y otros, en la diáspora, exiliados en Mauritania y por el mundo.


Smara

Justo ahora yo estoy en una de las tierras del exilio, en los campamentos de refugiados en el sur de Argelia. Los campamentos están organizados por wilayas que recuerdan los nombres de las ciudades del territorio hoy ocupado, para no olvidar, ha dicho alguien.  Hoy me cobija la wilaya Smara, una de las más densamente pobladas, sino la más.

         No conozco con claridad las preguntas que me han arrastrado a esté rincón del mundo, solo siento que estar aquí es tan natural que me desconcierta.  Tenía que estar aquí, en el Sahara Occidental, mi puerta de acceso a África, e incluso al mundo musulmán. Y digo “mundo” refiriéndome a un universo, un conglomerado de personas con unas dinámicas propias y únicas.  No lo digo como cuando lo usamos para designar “lo otro” tan temido, lo que no soy yo, lo que difiere irreconciliablemente conmigo, eso que temo porque desconozco,  y justificamos nuestro temor en lo que leemos como la agresión recibida, sin recordar quién empezó la cadena de agresiones, quiénes la perpetúan.  Este es un mundo, como el pequeño pueblo donde nací en Colombia, es también un mundo, único y singular.  En este lado del mundo intuyo mi destino, África, Oriente.  Por ahora creo buscar la singularidad Saharaui, el alma guerrera y dulce de un pueblo, el espíritu del desierto.

Más fotos en mi web:  http://www.anakarinadelgado.com/#!inshaallah-la-vida-entre-parntesis-/c2ra